El mundo y sus demonios (1/2)

  • Autor: Carl Sagan
  • Año de publicación: 1995
  • Páginas: 439 (formato EPUB)

Abducciones extraterrestres, curaciones milagrosas, médiums que se comunican con espíritus… ¿Por qué estas ideas resultan tan atrayentes para muchos individuos, hasta el punto de creer en ellas sin que haya evidencias al respecto? En un momento histórico en el que la ciencia y la tecnología gozan de enorme esplendor, las supersticiones siguen estando a la orden del día. Por eso este libro es necesario. El mundo y sus demonios contiene un alegato certero en defensa del escepticismo, el pensamiento crítico y el método científico, tres herramientas que el brillante astrofísico Carl Sagan —uno de los mejores divulgadores que han existido— considera indispensables para sepultar los peligros que brotan de la credulidad, los prejuicios y las pseudociencias.

Estrellas

Hay un gran número de fenómenos que la ciencia todavía no puede explicar. Quizás siempre sea así, pues el universo está repleto de enigmas. Sin embargo, nuestra falta de comprensión no debería utilizarse como excusa para afirmar que Dios —o cualquier otra fuerza sobrenatural— está detrás de aquello que desconocemos. Conviene tener muy claro que la incapacidad de invalidar una hipótesis no implica en absoluto que esta sea verdadera (recomiendo leer la anécdota del dragón en el garaje, al principio del capítulo diez).

La ciencia es uno de los motores más potentes del progreso. El método científico no es un instrumento de conocimiento perfecto, pero es sin duda el mejor del que disponemos. Entre las razones que permiten hacer esta aseveración destaca el riguroso proceso de evaluación y corrección al que la ciencia se somete continuamente: los investigadores pueden emplear el método científico para tratar de confirmar o refutar cualquier teoría, con independencia de que esta haya sido elaborada por otra persona u otro grupo.

A diferencia de lo que ocurre con las religiones organizadas, en la ciencia no hay tabúes. No hay temas prohibidos. Las opiniones están basadas en datos, no en credos. Por consiguiente, no sorprende que Carl Sagan se muestre tan crítico con la falta de escepticismo y autocrítica que suele caracterizar a las religiones. Mientras que la ciencia admite que sus descubrimientos pueden estar incompletos o ser erróneos (¿cuántas veces se habrán actualizado teorías debido al hallazgo de nuevas evidencias que apuntan en otra dirección?), las religiones confían en dogmas que no se cuestionan, aunque esas ideas no se hayan podido demostrar nunca.


«Una de las lecciones más tristes de la historia es esta: si se está sometido a un engaño demasiado tiempo, se tiende a rechazar cualquier prueba de que es un engaño. Encontrar la verdad deja de interesarnos. El engaño nos ha engullido. Simplemente, es demasiado doloroso reconocer, incluso ante nosotros mismos, que hemos caído en el engaño» (pp. 235-236).


Sin embargo, no es extraño que las explicaciones sobrenaturales resulten más atractivas que los razonamientos. Las historias fantásticas ofrecen respuestas rápidas y llamativas que generan admiración en quienes las escuchan, por eso hay tanta gente que desea creer en ellas. Podría afirmarse que las pseudociencias colman ciertas necesidades emocionales: camufladas bajo un falso manto de rigor científico, nos proporcionan narraciones sobre poderes que no poseemos (como la capacidad de curar enfermedades milagrosamente) y satisfacen anhelos religiosos (nos dicen que la muerte no es el final; nos hacen sentirnos importantes como especie). Esto se acentúa en una época donde las religiones tradicionales —en gran medida, a causa de la ciencia— están en declive.

Pero la ciencia y la tecnología no son el Santo Grial. También son responsables de las armas químicas, las bombas nucleares o los productos altamente contaminantes. De acuerdo con Sagan, la sensatez y la ética son imprescindibles, porque «la espada de la ciencia es de doble filo» (pp. 24-25). Todas las personas tienen defectos, incluidos los profesionales que trabajan en el ámbito científico o médico. Hay quienes han llegado a recomendar productos nocivos para la salud a cambio de dinero (en este vídeo puede verse un ejemplo idóneo a partir del minuto 3:14). También existen sesgos, prejuicios, influencias de la cultura en la que se vive… Por eso no es del todo justo juzgar el pasado desde una perspectiva actual; quién sabe cuántas de nuestras costumbres serán abominables para las generaciones venideras.

PARTE 2/2 (PRÓXIMAMENTE)

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